Lejos de la historia, el presente encuentra a la Argentina y el Reino Unido (RU) en un trabajo en conjunto sobre  proyectos de investigación y cooperación científica: el gobierno británico aportará unos U$S 6,7 millones (£ 5 M) para colaborar en un nuevo programa de cooperación bilateral destinado a la investigación en apoyo de la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos en la agricultura y sus efectos sobre el medio ambiente.

La embajada del país europeo señaló en un comunicado que el acuerdo de cooperación se anunció luego de una reunión bilateral entre ambos ministros de Salud, el argentino Adolfo Rubinstein, y el inglés Jeremy Hunt, en el marco de la Asamblea Mundial de la Salud de 2018 que se realizó en Ginebra, Suiza.

El trabajo conjunto con nuestro país será llevado a cabo por el Consejo Nacional de investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y constituye uno de los cuatro nuevos programas anunciados por el RU en el marco del Fondo Global de Innovación contra la Resistencia a los Antimicrobianos, que cuenta con una inversión total de U$S 40 M (£ 30 M).

Tras el anuncio, Hunt afirmó que “trabajar junto con otras naciones para poner un freno a la amenaza de la resistencia contra los antimicrobianos es absolutamente vital, ya que si actuamos solos, seguramente fracasaremos. El exceso de antibióticos en el ambiente puede tener un efecto catastrófico y acuerdos como este van a ayudar a protegernos a todos en el futuro”.

La directora general de Medicina de Inglaterra, Sally Davies, expresó que “con esta inversión, buscamos apoyar investigaciones innovadoras y proyectos de desarrollo que tengan el potencial de salvar vidas humanas y animales, al tiempo que garanticen la seguridad alimentaria y el desarrollo económico en aquellas zonas del mundo que están más afectadas por la resistencia contra los antimicrobianos”.

La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) define a los agentes antimicrobianos como los medicamentos que se utilizan para tratar las infecciones de origen bacteriano. Son esenciales para preservar la salud humana y la sanidad y el bienestar animal. El uso excesivo o inadecuado puede generar la aparición de bacterias resistentes a la acción de estos fármacos. Como un perro que se muerde la cola.

Este fenómeno se denomina resistencia a los antimicrobianos (RAM) y pone en riesgo el control de las enfermedades a nivel mundial. Según el Programa de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), es un proceso “natural por el cual microorganismos como bacterias, virus, parásitos y hongos ganan resistencia a los efectos de los fármacos antimicrobianos, como los antibióticos, que anteriormente eran eficaces en el tratamiento de infecciones”.

“Cuantos más antimicrobianos se usen, más probable es que los microorganismos desarrollen resistencia, y el mal uso y el uso excesivo de antimicrobianos acelera este proceso. Los ejemplos de una utilización incorrecta incluyen: una dosis o una frecuencia incorrecta, o una duración insuficiente o excesiva”, señala la organización.

Para la OIE, “la única manera de preservar la eficacia de estos medicamentos en los animales es garantizar un uso responsable y prudente” para lo que “es indispensable contar con acciones coordinadas entre los sectores de la salud humana, la sanidad animal y la salud medioambiental”, afirman.

Según la FAO, unas 700.000 personas mueren cada año por infecciones resistentes a los antimicrobianos y un número incalculable de animales enfermos puede no estar respondiendo al tratamiento.

“La RAM es una amenaza global significativa para la salud pública, la seguridad alimentaria y la inocuidad de los alimentos, así como para la vida, la producción animal y el desarrollo económico y agrícola”, explican desde Naciones Unidas.

De acuerdo a este programa de la ONU, “la intensificación de la producción agrícola ha llevado a un uso creciente de antimicrobianos, y se espera que se duplique en 2030”. Al igual que la OIE, recuerdan que “estos fármacos son importantes para el tratamiento de enfermedades en animales y plantas, pero deben usarse de manera responsable y solo cuando es necesario”.

Consecuencias productivas

Naciones Unidas advierte que la RAM “causa una reducción en la eficacia de los medicamentos, haciendo que las infecciones y enfermedades sean difíciles o imposibles de tratar”. Este fenómeno “se asocia a un incremento en la tasa de la mortalidad, enfermedades prolongadas en personas y animales, y pérdidas de producción en la agricultura, la ganadería y la acuicultura. Esto amenaza la salud mundial, los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria”, señalan.

Para la FAO, “el uso excesivo y mal uso de antimicrobianos puede acelerar la velocidad en la que se desarrolla la resistencia a los antimicrobianos, lo que resulta en una medicación menos efectiva. En tales casos de fracaso del tratamiento, las tasas de enfermedad animal y los picos de mortalidad, y la inocuidad de los alimentos pueden verse comprometidas”.

La ONU recuerda que se requieren de buenas prácticas de higiene en la agricultura, la producción, el procesamiento y la distribución de alimentos para mantener la inocuidad de los mismos y minimizar la transmisión de la resistencia antimicrobiana a las personas a través de la cadena alimentaria.

Los organismos resistentes a los antimicrobianos pueden ser más difíciles y costosos de tratar. Si los antibióticos no se usan adecuadamente, los residuos de antimicrobianos en los alimentos también pueden representar un peligro para la salud de los consumidores. Los microorganismos resistentes a los antimicrobianos en nuestros sistemas de producción agrícola y nuestra cadena alimentaria no solo son un gran desafío para la salud pública, sino que también representan una amenaza potencial para el comercio y la economía mundial.

El Director General Adjunto de la FAO para la Protección de la Agricultura y el Consumo, Ren Wang, afirma que el organismo internacional busca “ayudar a desarrollar las herramientas y las capacidades para implementar mejores prácticas en la producción animal y agrícola, reducir la necesidad de antimicrobianos en los sistemas alimentarios, desarrollar la capacidad de vigilancia para evaluar la escala de la resistencia y los esfuerzos para controlar y fortalecer los marcos regulatorios con el fin de minimizar el mal uso de antibióticos, a la vez que garantizar el acceso a fármacos para tratar animales enfermos”.

Reclamo de la OMS

A fines de 2017, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reclamó por primera vez que los animales para consumo humano no reciban ningún tipo de antibióticos que favorezcan su crecimiento o se utilicen para prevenir patologías que no han sido diagnosticadas, ya que pueden provocar el desarrollo de bacterias resistentes que luego son transmitidas a las personas.

Según el organismo internacional, la restricción en el uso de los antibióticos en animales para el consumo humano reduce el desarrollo de la resistencia hasta en un 39%. “Los animales sanos sólo deben recibir antibióticos para prevenir enfermedades que han sido diagnosticadas en otros animales de su mismo rebaño o en una población de peces”, afirmaron en un comunicado.

En caso de que el uso del antibiótico se justifique para tratar animales enfermos, la OMS pide que se efectúe una evaluación sobre cuál es el antibiótico más efectivo y a la vez más prudente para tratar una infección específica. En ese sentido, se plantea que en caso de que un veterinario considere justificado el uso de un antibiótico frente a una enfermedad diagnosticada y con alto riesgo de propagación, se apliquen aquellos que no se utilizan en humanos; y sólo deberán utilizarse en caso de ser la única alternativa posible.

Por otra parte, la organización sanitaria mundial recuerda que hay alternativas al uso de los antibióticos para prevenir enfermedades, como la mejora de las condiciones de higiene, el mejor uso de las vacunas y cambios en las prácticas ganaderas.

Argentina y un Plan

El Plan de Acción Mundial Sobre la Resistencia a los Antimicrobianos fue adoptado en 2015 por unos 180 países miembros de la ONU y está coordinado por la FAO, la OMS y la OIE.

Cada país presentó en enero del año pasado un cuestionario de autoevaluación que refleja el seguimiento de los progresos realizados en la lucha contra la RAM y cuyas respuestas se utilizarán para orientar las acciones de seguimiento y la prestación de asistencia y apoyo. Los resultados del informe serán presentados en junio.

El cuestionario indagó sobre el progreso en la salud humana, la salud animal, la producción de cultivos, la seguridad alimentaria y el medio ambiente. Cuando se preguntó sobre el enfoque multisectorial para luchar contra la RAM, la Argentina afirmó que “se han establecido uno o varios grupos multisectoriales de trabajo o comités de coordinación bajo la dirección del Gobierno”.

Ante la consulta sobre los progresos realizados por el país para aumentar la base de conocimientos y pruebas a través de la vigilancia y la investigación, las autoridades nacionales respondieron que  “no hay ningún plan nacional ni sistemas de seguimiento del uso de antimicrobianos”.

Sobre las prácticas correctas de gestión y atención a la sanidad animal y de higiene adecuada para prevenir las infecciones, con el fin de reducir la administración de antimicrobianos a animales y la transmisión de la RAM en la producción de alimentos, los representantes argentinos afirmaron que “no se intentan mejorar de forma sistemática las actividades de prevención de las infecciones en los sectores de la ganadería y la producción de alimentos relacionadas con la reducción del uso de antimicrobianos”.

Más adelante, nuestro país admite que “no hay políticas ni reglamentación nacionales relativas a la gestión del uso adecuado de los antimicrobianos”, aunque sí “se ha elaborado y aprobado legislación o reglamentación relativa a la importación, la autorización de comercialización, la producción, la distribución y el uso prudente de los medicamentos veterinarios de alta calidad, entre ellos los antimicrobianos, basadas en normas internacionales”, así como “legislación o reglamentación para controlar los vertidos de aguas residuales al medio ambiente” para evitar la contaminación por antimicrobianos.

Presente y futuro

En junio de 2015, el anterior gobierno publicó en el Boletín Oficial la Resolución Conjunta 834 y 391 rubricadas por los ministerios de Salud y, por entonces, Agricultura, Ganadería y Pesca; que establecía los lineamientos principales de la Estrategia Argentina para el Control de la RAM y instaba a la creación de una Comisión Nacional que vele por el cumplimiento de la misma.

A fines de ese mismo año, la Resolución 591 entre Agricultura y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), por entonces bajo la presidencia de la Ing. Agr. Ana María Guillén, creaba el Programa Nacional de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos en animales destinados al consumo humano bajo las órdenes de la Dirección Nacional de Agroquímicos, Productos Veterinarios y Alimentos del SENASA.

El objetivo del programa es “determinar y monitorear de forma sostenida en el tiempo, la prevalencia de resistencia a diferentes antimicrobianos; con el objetivo de evaluar posibles medidas que permitan retrasar o impedir la emergencia y diseminación de bacterias resistentes y, de esta manera, minimizar su riesgo en la salud pública y animal”.

Al respecto, el director de la dependencia, Hugo Quevedo, comentó que hay que trabajar en el concepto ‘Una salud’. “No podemos hacer futurología y creer que se van a descubrir nuevas moléculas antimicrobianas. Por ello, todos nuestros esfuerzos deben estar destinados a cuidar las únicas herramientas con las que contamos de forma segura: si los antimicrobianos actuales pierden efectividad se pierde un bien de la humanidad no renovable”, dijo.

Quevedo explicó que se debe tener en cuenta que las bacterias multirresistentes a los agentes antimicrobianos pueden producir la muerte tanto en las personas como en los animales, por lo cual para los humanos hay un doble riesgo: “las infecciones incontrolables” y “las hambrunas, pues faltaría proteína animal”, concluyó el representante  del  SENASA.

Al día de hoy, tras la publicación de la Resolución Conjunta 3-E de julio de 2017, Agroindustria dejó la potestad compartida con la cartera sanitaria nacional, y la Comisión Nacional para el Control de la Resistencia Antimicrobiana es presidida por la Secretaría de Relaciones Nacionales e Internacionales del Ministerio de Salud.

En los últimos días, una comitiva argentina encabezada por el Director Nacional del SENASA, Ricardo Maresca, participó de la 86° Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados de la OIE. Allí se discutieron los últimos avances en materia de estrategias mundiales elaboradas por la organización para la lucha contra la resistencia a los agentes antimicrobianos.

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