Santiago Bal murió este lunes a los 83 años. El actor, autor y director estaba internado desde principios de julio en el Instituto Médico de Alta Complejidad por problemas respiratorios y circulatorios, luego fue trasladado a la Clínica de Rehabilitación Alcla y cuando su salud se agravó lo derivaron al Instituto Médico de Alta Complejidad (IMAC). En las últimas horas, su estado de salud se debilitó aún más cuando entró en coma farmacológico a causa de una neumonía. El ex marido de Silvia Pérez y Carmen Barbieri, y padre de Mariano, Julieta y Federico Bal, sufría de EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) y pasó 18 operaciones de un cáncer que le detectaron a los 39 años. Además en los últimos tiempos debió atravesar cuadros de bronquitis y diversas infecciones urinarias.

El reconocido artista dejó su huella en el espectáculo nacional. Participó en más de 40 obras de teatro, ya sea como director, autor o actor. Sus creaciones eran garantía de éxito en la avenida Corrientes pero también en las temporadas de Mar del Plata o Villa Carlos Paz. El champagne las pone mimosas, La revista está que arde, Tocata y fuga de Bal, Colitas pintadas, Noches de champagne, fueron algunas de las comedias donde participó que los críticos solían desaprobar pero que llenaban teatros en tiempos donde los escenarios atrapaban más que las series. José Marrone, Don Pelele, Javier Portales, Jorge Porcel y Alberto Olmedo fueron algunos de sus compañeros.

Pero no solo la revista formó parte de su carrera. De 1968 a 1986 filmó 36 películas, solo una no fue cómica. En televisión integró más de treinta programas como Los Campanelli, Gorosito y señora, Mesa de Noticias La Comedia del domingo; ya en el nuevo siglo realizó participaciones en Los simuladores y Resistiré. Sin embargo, en los últimos años trascendió más por sus lazos y escándalos familiares que por su trayectoria, a pesar de que recientemente se dio el gusto de cumplir su sueño de compartir un escenario con su ex mujer, Carmen Barbieri, y su hijo más chico, Fede Bal, con quien también protagonizó una película.

Hombre de varios amores

María Isabel Andina fue su primer gran amor, una mujer alejada del ambiente artístico con quien tuvo a su primogénito: Mariano. Todo fluía hasta que una noche en el Teatro Nacional conoció a Thelma del Río. Ella integraba un grupo de vedettes llamado “las pulposas” que se caracterizaba por sus físicos exuberantes en tiempos donde nadie soñaba con siliconas que otorgan lo que la naturaleza niega. El flechazo fue mutuo y Bal se mudó con Thelma, pero ese amor también terminaría mal. El romance secreto con una vedette veinteañera, Silvia Pérez, del que nacería Julieta –su única hija mujer–, separó a la pareja. La nueva convivencia duró poco, al tiempo a Santiago le detectaron cáncer y regresó con Thelma quien no solo perdonó su infidelidad sino que lo recibió en su casa. Bal aseguraba que “había vuelto a su verdadero amor”. Silvia Pérez debió criar sola a su hija, algo que dejaría huellas profundas en Julieta“Mi papá no fue ni mejor ni peor, simplemente no existió en mi vida y fue su decisión”. El tiempo curaría heridas y repararía ese vínculo.

Verano de 1986, Carmen Barbieri es una vedette con un padre famoso aunque ella recién comienza a tener nombre propio en la revista. Santiago Bal ya es un consagrado actor y un exitoso humorista. Ella es imponente, bella, con un cuerpo escultural y un corazón curtido por el desamor: durante años fue pareja de Jorge Porcel quien nunca formalizó el vínculo. Santiago, ese hombre pulcro, inteligente y seductor nato, pronto acapara su atención. Bal la mira pero trata de no involucrarse; necesita estar tranquilo y siente que esa joven podía ser un terremoto en su vida. Pero Carmen, que todas las noches en la obra debía entregarle un sobre en blanco, comienza a escribirle mensajes fuera de libreto. “Me estás empezando a gustar”, “Te quiero”, “Te adoro” y el gran seductor se encontró seducido. Comenzaron a salir. Muchos consideraban que sería una aventura que finalizaría con el verano. La diferencia de edad –ella tenía 30, él 50–, el ambiente en el que se movían y las tentaciones que se ofrecían parecían determinar un amor con fecha de vencimiento. Pero no fue así. Al final de esa temporada Bal dejó a Thelma y se mudó con Carmen. A él no le importó el qué dirán, ella desoyó los gritos de su madre diciéndole que cometía una locura. Pasó el verano, pasaron los años y las temporadas. Carmen y Santiago siguieron juntos y en 1990 nació Federico.

Como la energía física ya no lo acompañaba tanto, Santiago suplía los picaditos de fútbol por juegos aritméticos que a su hijo le encantaban o lo invitaba a comer con sus amigos Rolo Puente o Pinky. Cuando cumplió 12 años lo llevó a Broadway a ver Cabaret, un guardia intentó impedirles la entrada “porque no es una obra adecuada para un niño”, pero finalmente lograron entrar. La sala estaba ambientada como un cabaret, la puesta era maravillosa y las bailarinas lo rodeaban seductoras pero Santiago permanecía impasible. Sería Nueva York pero esas mujeres jamás eclipsarían a Carmen…

La pareja parecía que lo tenía todo, pero la vida da y otras veces quita. Cuando decidieron convivir Santiago fue muy claro. “Mirá que conmigo, más que pensar en viajes y paseos, vas a tener que aprender a dar inyecciones”, le advirtió. “Yo ya sé darlas”, le replicó ella. Y lo que parecía una humorada se transformó en profecía. Porque en los veinticinco años que estuvieron juntos Santiago Bal tuvo que afrontar dieciocho operaciones. Tres veces le diagnosticaron cáncer. Cuando le preguntaban cómo hizo para superarlo, respondía con una sonrisa: “Así, de bonito que soy”, para inmediatamente aclarar que no podría haberlo logrado sin sus grandes aliados: Dios, los médicos y… Carmen. En esas circunstancias que describió como las más atroces de su vida, ya sea en la cama del sanatorio con un diagnóstico oscuro o tendido en una camilla de un quirófano pensando en el peor final, siempre contó con Carmen como su compañera incondicional.

Pese a los problemas de salud y las dificultades económicas que comenzaron a atravesar, el matrimonio se mostraba como uno de los más sólidos y consolidados de la farándula. Federico contó que jamás oyó ni presenció una discusión entre sus padres. Santiago decía que lo único por lo que peleaba con su mujer era cuando ella criticaba alguna obra que él escribía, pero eran diferencias artísticas, no de convivencia.

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