Comercios en plena crisis

Los comerciantes se quejan de que pese a la emergencia se siguieron cobrando los impuestos «como si estuviéramos vendiendo». El domingo finaliza esta etapa de la cuarentena.

Apremiados por la falta de ventas y la presión de los gastos los pequeños comerciantes han comenzado a rebelarse contra la cuarentena en distintas partes del país. Así en Santa Fe los comerciantes dieron a conocer un comunicado donde informaban que “a partir del 10 de mayo abrimos sí o sí”. Esto llevó a que el gobernador Omar Perotti se viera obligado a autorizar a los comerciantes de localidades como Rafaela a comenzar a trabajar.

El rechazo a las medidas de aislamiento tiende a propagarse; tal es el caso de un comunicado de los comerciantes de la localidad de 9 de Julio, en la provincia de Buenos Aires, o las manifestaciones en la capital de San Juan. En tanto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el conurbano se observa que algunos comercios han comenzado a trabajar aunque con las persianas bajas.

Si bien este domingo termina una etapa de cuarentena, tanto las autoridades del Gobierno nacional, bonaerense y de la Capital son proclives a mantener gran parte del comercio cerrado, básicamente porque se busca evitar el movimiento de gente.

Los argumentos pasan por considerar que permitir la apertura de pequeños comercios aumentaría el riesgo de contagio porque significaría la circulación de empleados, proveedores y clientes. Además, aún no se ha resuelto de qué manera brindar más servicios de transporte para que los pasajeros se trasladen sin riesgos de contagio.

El problema es que el comercio -al igual que otros sectores de la economía- viene de años de recesión. De los últimos 4, en tres la actividad se contrajo, y peor aún durante 2019 los comerciantes sufrieron altas tasas de interés que los llevaron a descapitalizarse.

A esta situación se sumó la cuarentena establecida desde el 20 de marzo con el agravante de que en el comercio durante el verano suelen caer las ventas. Es decir que una gran parte de los comerciantes ingresaron a la cuarentena “sin resto”.

Los datos de abril muestran que las ventas se desplomaron. Medidas en unidades, cayeron hasta 80% en rubros como joyería y bijouterie, calzados, bazar y regalos, indumentaria, muebles y electrodoméstico, según CAME.

Escasa ayuda

“Un comercio chico, con una superficie de 65 metros en Villa del Parque, con 3 empleados, llega a tener un gasto mensual superior a los $300.000”, explica la contadora Elisabet Piacentini. En este caso, el alquiler se ubica en $60.000, los salarios son del orden de los $135.000, pero las cargas sociales, sindicato y ART demandan casi 40.000 pesos.

En el caso de los servicios, se llegan a dar situaciones insólitas; por caso, el pago las boletas de luz: llegan con el consumo promedio de los últimos tres meses, es decir, mucho de lo que realmente se consumió con las puertas cerradas. La causa es que el Gobierno no incluyó entre las actividades esenciales a los inspectores de Edenor y Edesur a controlar los medidores, pese a que en total no suman más de 300 personas.

Siguiendo con este ejemplo, y suponiendo que pudo tener acceso a las ayudas estatales, hubiera recibido sólo $60.000 en concepto de subsidio a los salarios y un préstamo por hasta $135.000 a devolver a una tasa del 24% anual para la nómina salarial, según explica Piacentini, titular de Mujeres Empresarias de Fecoba (Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires).

Cabe aclarar que sólo una parte menor de los comerciantes accedieron a este préstamo ya que en muchos casos las firmas no fueron sujeto de crédito por falta de garantías, etc.

Los comerciantes se quejan también de que pese a la emergencia el Gobierno siguió cobrando los impuestos “como si estuviéramos vendiendo”. Los alivios fueron escasos, como la prórroga de Ingresos Brutos dispuesta por CABA, pero que deberán pagarse en los primeros días de mayo.

El Gobierno desplegó una política de fuerte asistencia a los sectores más vulnerables teniendo en cuenta el nivel de pobreza que afecta al país. En este sentido, las primeras medidas fueron para incrementar las ayudas monetarias y alimentarias a los segmentos de menores ingresos y básicamente sin trabajo.

Así, la atención en comedores se incrementó en 8 millones de personas hasta llegar a los 11 millones de personas. En el mismo sentido, una mujer con tres hijos y un solo plan asistencial recibió unos $35.000, según cálculos oficiales.

“Está muy bien que el Gobierno proteja a los que menos tienen, pero no se pueden olvidar de nosotros, que también somos trabajadores”, sintetiza el dueño de un pequeño local de indumentaria en Caballito.

La realidad es que cuando se levante la cuarentena muchos negocios no podrán abrir sus puertas. Es que a la falta de ventas se sumó la apertura en marzo del clearing bancario que llevó a muchos comerciantes a tener que ampliar sus giros en descubierto.

Cabe recordar que la gran mayoría tuvo que hacer frente al pago de salarios de marzo e incluso de abril por la demora de la ayuda estatal. “Algunos utilizaron ahorros, otros pedimos más crédito al banco a tasas de mercado”, explican. Es decir, un vasto sector se encuentra endeudado, sin ahorros y con una perspectiva de ventas en muchos casos muy bajas.

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