Apartir del aislamiento por el coronavirus desde el 20 de marzo, el tránsito cayó de manera estrepitosa y, en consecuencia, los siniestros viales bajaron. Se estima que entre 5.800 y 7.300 personas mueren en la Argentina por esa razón y es la mayor causa de muerte entre los más jovenes.   La Agencia Nacional de Seguridad Vial (Ministerio de Transporte) informó que la circulación se redujo por momentos hasta el 90%, lo que generó un descenso en la cantidad de víctimas fatales diarias: de 16,2 a 4,8. Las estadísticas fueron elaboradas entre el 13 de abril y el 21 de junio, y comparadas con las del año pasado.   En la Ciudad de Buenos Aires, los muertos por el tránsito fueron 12 entre marzo y junio, el 30 por ciento de los 39 que murieron en el mismo período del 2019.   Mientras que el resto de las víctimas estuvieron en Córdoba (45), Tucumán (42), Buenos Aires (40) y Santa Fe (35).   Además, a partir de las recolección de datos, los motociclistas conformaron el 52% del total de víctimas, el 85% de los muertos son hombres y el 61% de la muertes se dio entre personas de 15 a 44 años.   Uno de los casos que tomó más dimensión en los últimos días fue el de la muerte de Lucas Peralta Luna, un repartidor de 21 años, en Villa Crespo: el 10 de julio fue atropellado por Sebastián Gabriel Di Pietro, quien manejaba una camioneta Dodge Journey, con 1,7 de alcohol en sangre y a más de 100 kilómetros por hora, según los abogados de la familia de la víctima.   Por su parte, Alejandro González, titular de la ONG Creando Conciencia, aprovechó para pedir conciencia al volante: “Me preocupa lo emocional frente al volante. Los estados de ánimo están alterados y esto se termina trasladando a la conducción”.   Y agregó en diálogo con Clarín: “Particularmente en Argentina, hemos visto que cuando el Estado se puso al frente de lo que se considera una causa de salud pública, se lograron activar protocolos, controles y se está trabajando en la prevención. El Covid también dejó en claro que afecta a todos los grupos sociales y etarios. Todo podemos trasladarlo a los siniestros viales. Por eso necesitamos que los gobiernos hagan lo mismo, que pongan en sus agendas a las muertes viales como una cuestión de Estado”.

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