Se celebra el “Día internacional por las dos vidas”

Este sábado 8 de agosto se celebra en el mundo el “Día Internacional por las dos vidas”, y aunque no contamos con una gran plataforma mediática, ni el apoyo económico de grandes capitales extranjeros, ni el visto bueno de cierta clase política, tenemos lo mejor para festejar: un corazón que late y un coranzoncito pequeño que desea seguir latiendo.  Esta es la mayor riqueza y poder de este movimiento iniciado en la Argentina y extendido al mundo entero. Nuestro poder está en recibir la vida, todas las vidas, sin selección.

Durante el año 2018, en los meses de mayo y junio cientos de expositores presentaron sus argumentos, a favor y en contra del aborto, el tema fue debatido en el Congreso de la Nación, la sociedad argentina veía como se perfilaban las filas verdes y celestes. Luego los Senadores se expresaron democráticamente y el proyecto fue rechazado. Esto ocurrió el 8 de agosto del 2018. Día para la memoria.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cada año se realizan en el mundo entre 40 y 56 millones de abortos. Haciendo una media de 48 millones por año, son 132.000 abortos por día, 5500 por hora, 92 por minuto…

Frente a estos números, desde nuestra comunidad La Merced Vida festejamos cada niño que viene a este mundo. No es un número más en una lista, porque la persona humana no es solo biología, es por sobre todo biografía: cada ser humano es una historia que se desea contar, que desea vivir. Nos preguntamos si la historia sólo la tienen que escribir los poderosos o los ganadores, siempre montados en supervidas importantes con el atrevimiento de decidir por los demás: decidir que biografías contar y cuales callar o eliminar.

“La defensa del niño inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte.

No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente.” (Gozate y alegrate 101)
En este mundo de sensiblerías, que adora las ballenas y los árboles (que tienen que ser cuidados) llama la atención que al hablar de vida humana “sagrada” nos encasillan como fanáticos religiosos, como diciendo “no me pegues con tu biblia”. No pegamos con la Biblia, principalmente, defendemos la vida desde sus dimensiones antropológicas, humanas, emocionales, conductuales y axiológicas. Muchas veces notamos que nada es suficiente ante la dictadura de los sentimientos y el despotismo de la subjetividad. Reducir y centrar el tema en las dimensiones sanitaristas es tener una visión reduccionista, relativista y falsa. Tal vez «políticamente correcta», pero, seguro, humanamente inexacta.El aborto no es un problema de salud pública es una cuestión de responsabilidad.

Según UNICEF La pobreza infantil es del 62,9% y alcanza a más de 8 millones de chicos en Argentina, publicado en el diario Infobae (5/8/2020). Nada más lejos del cuidado y protección de la Infancia en el mundo entero, que la agencia UNICEF de la ONU. Quien bajo el paraguas de la defensa de los niños o “un sol para los chicos” incentiva programas de reducción de la natalidad en los países pobres. La lógica es sencilla: si existen millones de niños pobres, hay que eliminarlos antes de que se conviertan en adultos pobres.

El aborto entonces se levanta como la mejor bandera nacional para solucionar el drama de la pobreza infantil en la patria “bendita del pan”. Si alguien se acerca a alguna parroquia o centro barrial de uno de los más de cinco mil barrios pobres o villas miseria del país se va dar cuenta que la solución no es matar, es recibir, siempre. Es que nadie quiere ir a la escuela de los pobres, todos pretenden solo ser maestros o defensores de los pobres, pero desde lejos, en la comodidad de una banca. El aborto no es la solución al drama de la pobreza. ¿Si probamos con menos corrupción? Por ejemplo.

Quienes queremos un país grande, que progresen todos sus miembros y sobre todo libre nos oponemos a ideologías que incluyen como solución para un problema social la muerte de seres humanos: la historia enseña que nunca se ha terminado con un problema en el pueblo eliminando vidas de seres humanos, matando a algunos para que otros resuelvan su dificultad. Mucho menos, como se pretende, imponiendo legalmente un supuesto nuevo «derecho» de algunos/as a eliminar, interrumpir o matar (más allá de la semántica, es lo mismo en este caso) la vida de seres humanos vulnerables e inocentes.

«Es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida: nueva, para que sea capaz de afrontar y resolver los problemas propios de hoy sobre la vida…; nueva, para que sea asumida con una convicción más firme y activa por todos» (EV 95).

Este 8 de agosto, celebramos, festejamos la democracia, la vida en abundancia; aun con el dolor de la aprobación de parte de la ciudad de Buenos Aires al protocolo del ILE, inconstitucional, donde se da libertad de matar a 25 niños por día, 25 historias, 25 sueños, 25 juguetes, 25 proyectos de pueblo porque cada hombre es un proyecto.
LA MERCED Vida se alegra de recibir la vida, cómo viene, siempre.

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