Jornada n° 2 – Champions League 2021/2022

Messi sentenció de penal el 2-0 con el que el equipo catalán volvió a sonreír, después de la caída en el clásico y de la renuncia de Josep Maria Bartomeu a la presidencia.

El inicio del partido remitía a lo que suele ocurrir cuando un equipo cambia a su entrenador tras una etapa desgastada. En este caso la salida se dio más arriba en la cadena de mando, pero en la cancha, la renuncia de Bartomeu surtió el mismo efecto: se reflejó en un equipo que salió suelto, decidido. Dispuesto no solo a dejar atrás la derrota en el clásico contra el Real Madrid sino a poner una bisagra en una semana convulsionada y barajar de nuevo.

Fueron tres jugadas en un minuto: primero Messi entró al área por el costado izquierdo y con sacó un tiro sin ángulo que tapó Wojciech Szczesny, después Pjanic probó con un bombazo desde afuera que también bloqueó el arquero y finalmente Griezmann capturó el rebote y metió un zurdazo seco que se estrelló en el palo.

La actitud era la de un equipo que buscaba dar un mensaje. Y en ese plan, Messi funcionó como eje.

Otra vez Ronald Koeman movió fichas en todas las líneas. Las ausencias de Busquets y Coutinho no sorprendieron tanto debido a sus malos rendimientos en el clásico del sábado y llamó más la atención la salida de Ansu Fati.

Pero la idea del DT de poner a dos punteros con pierna cambiada (Dembélé jugó por derecha y Griezmann por izquierda) y dejar a Messi flotando por el centro y alternando posiciones con Pedri -de muy buen partido- dio frutos en la jugada que abrió el marcador.

El argentino bajó al medio y sacó un cambio de frente cruzado perfecto para Dembélé, que encaró para su perfil, sacó un zurdazo que se desvió en el camino en Federico Chiesa y se metió por encima del arquero.

El gol abrió el juego y despertó a Juventus, que extrañó horrores a Cristiano Ronaldo y todo lo que su impronta genera en propios y extraños. Era Alvaro Morata el que desnudaba la otra cara del Barcelona, la defensiva, en un equipo que sigue rotando marcadores centrales (por la lesión de Araujo jugó todo el complemento De Jong en la zaga), espera por Ter Stegen y luce frágil cuando lo atacan a fondo. Alcanzaron un par de pelotazos largos al potente delantero italiano para que el equipo de Andrea Pirlo, sin generación de juego, quedara fácilmente cara a cara con Neto.

Tres veces amagó con festejar Morata pero en todas estuvo apenas adelantado y el grito de gol le quedó atragantado.

Habrá tomado nota Koeman: las falencias que supo maquillar en ataque todavía están vigentes en el fondo. Más aún cuando Griezmann sigue sufriendo una mezcla de falta de confianza y fortuna y no logra traducir sus buenas intenciones en goles. Cuando define bien, la pelota no entra y eso enseguida redunda en querer buscar a Messi cuando queda de frente al arco en el área chica.

Desde la salida de Luis Suárez, fueron varios los que ocuparon el rol de centrodelantero: Ansu Fati, Messi, Griezmann… Pero a ninguno le queda cómodo el traje. Vale un dato: el capitán argentino, el único indiscutible arriba, metió tres goles en los siete partidos de esta temporada.

 

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